viernes, 23 de junio de 2017

El destino y los muertos vivientes

Había una vez un señor llamado Destino, que nació no se sabe si de día o de noche y tampoco se sabe muy bien cuándo, que vivió no se sabe si contento o amargado, que nadie sabe si murió o se escondió, que hacía su trabajo y era crear destinos, que tenía pajes que le servían, a quienes enseñó la forma de hacer destinos.  Se sabe que los imaginaba, los proyectaba, los construía, los guiaba y los cuidaba para que ocurrieran como estaba escrito.  Los pajes se encargaban de que su legado permaneciera por todas las generaciones.

Ocurrió un día que uno de los pajes, a quien había sido encargado el destino de una nación entera, se quedó dormido y las cosas comenzaron a funcionar como no debían.  Ese día se convirtió en semanas y luego en meses… más tarde en años. El paje no despertaba, el destino estaba equivocado y a toda una generación le tocó morir, en lugar de nacer.  Sí, es que nacieron muertos, desde que nacieron estaban muertos.

sábado, 17 de junio de 2017

La vida en pocos pasos


Todos los días era el mismo despertar, el mismo sonido del reloj, sólo cambiaba el momento del instante menos deseado, pues un día avanzaba el despertador dos minutos, otro día lo adelantaba uno, otro lo atrasaba tres… y así, jugaba con los minutos para tratar de escapar por instantes de la costumbre.
Dejó lista el agua para su café mientras tensaba su piel y sus neuronas con agua fría, evitando el aspecto de zanahoria hervida que la acompañaba en las mañanas. Preparó su café muy caliente en la taza de siempre, en el rincón de siempre y lo acompañó con la tostada de siempre. Se vistió con la combinación de los lunes, era un día lleno de fuerza y los colores debían ser fuertes: azul intenso, negro, violeta, verde oscuro.  Eligió el vestido violeta y con la intensidad de ese color salió de casa a devorarse la semana. Treinta y cinco pasos hasta la esquina, doce para cruzar la calle y dos mil trescientos cincuenta y cinco más hasta llegar a su trabajo.  Decidió contarlos un día de esos en los que las preocupaciones la absorbían de tal manera, que se abstraía del mundo real que la circundaba y perdía el contacto con el asfalto y las aceras.  Y así, cada vez que su mente comenzaba a alejarse del mundo terrenal, comenzaba a contar los pasos.

sábado, 10 de junio de 2017

Mientras matan a mis hijos

- ¡Levántate!
- No puedo.
- ¡Vamos, despierta ya!
- No estoy dormido, está pasando.
- Tranquilo, es sólo un sueño.
- No estoy soñando, no es una pesadilla y no puedo estar tranquilo.
- Deja ya de llorar y levántate.
- Que no es un sueño. ¡Que los están matando!
- ¿A quiénes? 
- A mis hijos, son mis hijos.
- ¿Y quién los mata?
- Ellos, los que destruyen el arcoíris para quedarse con las ollas.
- ¿Con las ollas, cuáles ollas?
- Las de la leyenda, las que están repletas de oro al final del arcoíris. 

viernes, 26 de mayo de 2017

Después de una pesadilla

Un penetrante olor a herida sangrante manchaba el espacio.  Un olor férreo, punzante, amargo.  Era de noche, una noche sin luna, sin estrellas.  Las sombras se perseguían entre sí y se confundían, se trenzaban y se soltaban.  El silencio era ensordecedor.  Alguna garganta dejaba escapar en susurro su llanto contenido.  Había miedo, se sentía el miedo en las paredes golpeadas, en los cristales rotos, en las piedras que quedaban esparcidas, en las flores mustias que ya no daban color al cementerio.  Había miedo y por eso el llanto se reprimía.
La oscuridad dominaba el horizonte, el cielo, la tierra, los pasos.  Las manos se buscaban y no se encontraban.  Había dolor en los recuerdos, había rencor en las heridas, había ira contenida, había amargura en las tazas que se servían, la miel seguía siendo espesa, pero no dulce. 

viernes, 19 de mayo de 2017

Cuando los círculos se hacen viciosos

Querían culpar a otros de sus propias limitaciones, querían aparentar lo que no era, pero necesitaban ser. Querían más que pertenecer, más que estar.  Esa necesidad de sentirse más, de tener más, de poder más.  No sé si es que nacieron así o se fueron haciendo con los años, pero resultaban realmente insoportables. Y en eso de querer trepar a costa de lo que sea, se montaron en su propio círculo del que no pudieron ya nunca escapar. ¿Qué clase de círculo? Uno vicioso, por supuesto, que por más que se avanza en él siempre se vuelve a lo mismo, da igual en qué punto, siempre será un punto de retorno.

viernes, 12 de mayo de 2017

Las palabras que brotaron

Que nadie juzgue el ardor de mi dolor. Que nadie mida el tamaño de mi pena, ni el ancho de mi sonrisa. Que nadie pretenda pesar mi corazón, ni pintarlo de otro color. Que mi corazón tiene el color de mi vida y es mi color. Que mi perfume huele a tierra, a mi tierra, aunque me bañe en mares de sal fría, aunque me queme el sol de un otoño ajeno que me abraza y me dice que me quiere. Que cuando quiero gritar grito y cuando quiero llorar lloro. Que mi llanto también es de lluvia que ablanda el camino y lo hace fértil. Que mi tristeza es mía y mi alegría es mía. Que sé amar y mucho. Que el viento me golpea y me despeina y yo sigo. Que si quiero mirar, miro y si quiero soñar, cierro los ojos y vuelo alto, muy alto. Que no siento vergüenza y amo lo que me levanta y me acaricia. Que soy de aquí y de allá, que vengo de cualquier parte y siento de cualquier modo. Y sé luchar porque no me acobardo, aunque tenga miedo. Que no me atan las cadenas, ni las miradas. Que la palabra es mi bastión, que mi orgullo es mi honor. Que exploto y sonrío a la vez y regalo mis ilusiones al viento, a quien las quiera. Y las escribo porque sí, porque se me salen y las recojo en una cesta y las amontono para lanzarlas al cielo y que vuelen y se vayan, o que se caigan y mueran. Es igual…
Que veo a mi gente llorar y no aguanto más. Que veo a mi gente morir y no puedo más. Y me indignan los falsos decretos y las miradas esquivas de quien no se quiere enterar. Que la lucha existe, aún quedan fuerzas y cada quien lucha como puede. Que mi corazón se estremece cuando se agota de tanto apretar para que el llanto no aparezca de nuevo. Y recuerdo que hay esperanzas, a pesar del humo y los disparos lanzados desde los ojos, desde los muros, desde las letras y también desde las armas.
Que ya quiero que se callen los murmullos de fantasmas que usurpan lo que no les pertenece y quiero que se vayan y no vuelvan. Que ya es bastante, que ya es suficiente y he dicho que no quiero más. ¡Ya basta! Que no quiero que me miren de lejos, sino de cerca. Que no quiero leer abrazos, ni besos, yo sólo quiero abrazar y besar: los sentimientos, los cuerpos frágiles y los erguidos, las espaldas jorobadas de tanto cargar el peso de la miseria ajena, las pieles sufridas de tanto soportar el desgaste de la palabra hiriente… los recuerdos, es que se encienden los recuerdos… ¡Ya basta!, le dije al vacío insoportable que me separa de lo que es mío. Que es mío y lo repito porque es mío. Como mi color, como mi perfume, como lo profundo de mis ojos que todo lo graban, como mi garganta muda y mis manos que tanto hablan. Que mi entereza no se perturba y lo decidí sin saberlo, así como decidí caminar por la vía contraria aunque me empujen, aunque tropiece.  Que el tiempo está a mi favor, aunque se quede dormido de vez en cuando, y está conmigo, aunque se esconda detrás de la rutina de todos los días.
Que no sé hasta cuándo, ni hasta dónde, que sólo sé que sigo, que permanezco mientras tenga vida y no me desvío.  No quiero pensar en quien no pienso, ni quiero mirar a quien no miro.  Pero sé que se irán los que se tengan que ir y vendrán los que tengan que venir.

Que el silencio grita y ya no se ahoga.  Que todo cambia y cambiará.  Cierro los ojos, pienso.  Es que me he hecho rebelde de tanta injusticia maquillada, tanto egoísmo… Mejor no pienso más, sólo confío.

sábado, 6 de mayo de 2017

Cuando un dedo tapa más que el sol


… Y mientras tanto, en algún lugar de la estratósfera mental de cuyo lugar se resistía a salir, se encontraba la conciencia de aquél convertido en una especie de soldado servil, incapaz de interpretar lo que se desnudaba ante sus ojos, incapaz de creer que en sus manos estaba el poder de cambiar para mejorar.  ¡Que sí!, le gritaban las sangrantes heridas, ¡que se puede ser más y mejor, que la verdad no es la que te enseñaron a repetir, que el mundo es más grande aún, que es profundo, que no tiene límites, que los límites te los inventaron y tú te los creíste!

viernes, 28 de abril de 2017

El merecedor


Lo escuchaba atentamente mientras su verborrea comenzaba a inquietarme.  Sonreía muy seguro de lo que hablaba, fácilmente dejó al descubierto su perfil. Él dirigía la conversación hacia sus intereses, quería saber de mí, mientras yo esquivaba sus pretensiones y él seguía mostrando su cara más abierta.  No le dije mucho, no contrarié su exposición, quería saber qué hay detrás de la gente que se pone siempre del lado del merecer. Es que eso fue precisamente lo que identifiqué en él: se sentía el gran merecedor. 
Todo lo merecía, todo le tocaba, todo le convenía, se lo asignaban, le correspondía.  Se sabía todas las leyes, sin ser abogado… Bueno, más bien se sabía todas aquéllas que le generaban alguna correspondencia, algún beneficio: social, económico, jurídico, espacial, existencial, terrenal, universal, estelar…

sábado, 22 de abril de 2017

Crónica de un tiempo que no debió existir

Todo comenzó un día antes y acabó el día siguiente del día siguiente, un poco después de la hora de siempre, minutos más, minutos menos.  Todos estaban en el mismo sitio, todos menos uno, que estaba como siempre en el otro lugar, más allá de cualquier parte, más cerca que lejos, haciendo planes y torciendo la vida de otros. Su tiempo era impreciso, su lugar usurpado, su espacio robado, su espíritu rebelde y desagradecido, su presencia insolente.
Nació porque sí, porque le tocaba.  Pero no debió nacer,  llevaba mucho odio en sus entrañas y lo escupía entre pétalos para encantar a los desencantados. Ojos cerrados, brazos al frente, manos caídas, mirada vacía, risa aprendida.  Muñecos repetidos, aprendidos, desalmados. Así quedaron quienes lo seguían.
Por las noches se reía de su hazaña. En el día acariciaba sus deseos, para seducirlos más y hacerlos obedientes.  Dos seres en uno, ángel y demonio, con su verbo decorado y sus dientes afilados.  Siempre listo para cualquier batalla, daba igual si en medio de la paz o de la guerra, había que batallar.

viernes, 7 de abril de 2017

Pensemos…

- Ven, quiero que pensemos.
- ¿Que pensemos? ¿De qué hablas?
- Quiero que pensemos juntos.
- ¿Pensar juntos? ¿Ahora te da por pensar juntos?
- Me encantan tus pensamientos. Eres tan brillante, tan ocurrente. Seguro que podemos hacer mucho juntos. 
-¿Te parece? Pero si el de las ideas eres tú. Siempre planificando, imaginando, proyectando... Y yo no quiero pensar, estoy muy cómoda aquí.
- Siempre pienso en ti cuando proyecto mi vida. No sé ir por el camino sin tu mano, sin tu alegría, sin tu ternura. Me gusta cuando hablas, cuando sueñas. Quiero que pensemos entre los dos. Es que cada vez que tengo una idea, tú la sabes multiplicar y es lo que quiero ahora.
- Tú y tus ideas... ¿Estás seguro? Puede ser peligroso.
- Segurísimo.